Este masaje facial con sello japonés estaba tradicionalmente reservado a la realeza, cuyos orígenes se remontan al año 2697 a.C. En 1472, la emperatriz de Japón al solicitar sus tratamientos de belleza, requirió específicamente el masaje Kobido, convirtiéndose en un servicio exclusivo de la familia imperial. Fué pensado para aumentar la salud y la longevidad, aunque siempre poniendo un mayor énfasis en la prevención.

En la actualidad, el Kobido es un masaje de rejuvenecimiento facial que aporta belleza y luminosidad al rostro.

Sus maniobras estimulantes, enérgicas y de aplicación sutil y rítmica, ayudan en la eliminación de toxinas, reparan el tejido de la zona, previenen y reducen el impacto del proceso de envejecimiento, liberando la energía y tensión de los músculos faciales y del cuello.

Al masaje Kobido se le denomina "lifting natural", porque consigue dar tersura y nutrición en la piel, alisando arrugas, bolsas en los ojos y líneas de expresión, ayudando a rejuvenecer nuestro rostro.